VOLVER A INDICE / NOTAS

Jugar y crear a solas


En el juego, y sólo en él, pueden el niño o el adulto crear y usar toda la personalidad, y el individuo descubre su persona sólo cuando se muestra creador”
Con estas palabras, Donald Winnicott, da cuenta no sólo de una actitud frente a situaciones que exigen respuestas creativas, sino también, a un estado, a un modo de vivir en forma creadora.
Durante los últimos años, uno de los fenómenos que distingue la crianza de los más chicos, es el “qué hacer” y cómo resolver su entretenimiento. En primer lugar cabe destacar que el “entretenimiento” y el juego, son cosas por demás diferentes; y quizás allí, podamos detenernos para ubicar algo en términos de necesidad: sabemos que en los primeros años de vida un niño está, ES, junto a otros, encargados de su cuidado y atención primordial. Las necesidades vitales pasan por el alimento, el abrigo, la higiene y el amor. Pero así como se impone, a  partir de determinado momento del desarrollo, diferenciarse de ese otro, de distinguir el “YO” del “NO-YO”, y de lo que hay “adentro” y “afuera”, surge como necesidad el aprender a jugar.
Winnicott se pregunta en sus investigaciones adónde se ubica el juego… ¿adentro o afuera? Claro que hace 20 o 30 años no existían los medios ni lo juguetes que hoy por hoy trascienden esa inquietud, en tanto se prioriza el entretenimiento al jugar. “Entretener” significa, según la RAE, distraer a alguien impidiéndole hacer algo; hacer menos molesto y más llevadero algo...Y lejos está el juego de esa distracción, de ese detenimiento, de esa imposición foránea que la cultura ha producido tan masivamente para aquietar lo perturbador que puede resultar la entrada de lo simbólico de los sujetos desde tan pequeños. Los juguetes resuelven esta inquietud, las propuestas televisivas suspenden el juicio mientras se mantiene la atención en ellas. Los merchandasings  invaden el mercado de consumo con cartas, stickers, máquinas, peluches, autos que se convierten en robots, muñecos que hablan, guiñan el ojo y hasta hacen cosquillas, alfombras interactivas… Es decir, “existe una relación con la realidad exterior que es una relación de acatamiento”, algo en lo que es preciso encajar, que requiere adaptación a la creatividad de algún otro, y que genera -sin dudas- una sensación de inutilidad, e impide vivir de manera creadora.
Escuchamos en los papás preocupación por resolver “que hacer con los chicos cuando no van al colegio”…los fines de semana, los feriados, durante las vacaciones… Y aquí se ha abordado la necesidad del “plan”: llevarlos al shopping, al cine, al zoológico, comprarles la fábrica de hacer hamburguesas que tanto piden cuando ven la publicidad por la tele… En tal caso la pregunta sería “¿qué pueden hacer los chicos?”. Y la respuesta, aprender a buscar, jugar y desarrollar su capacidad creadora. ¿Cómo? Hay que soportar la privación de otros, seres y cosas, que lo hagan por ellos; propiciando experiencias que sí son culturales, pero que no acotan la participación de los seres humanos como meros consumidores; ofreciendo las condiciones apropiadas para un vivir creador. Porque cuando no está mamá el bebé se angustia un tiempo hasta que vuelve a aparecer. Después, el bebé retiene simbólicamente la idea de “mamá” y eso se convierte en un símbolo que hallará materialidad cuando puede recrearse, en el uso de un trapito -por ejemplo- que otorga confianza y seguridad. Esa experiencia, precursora de identificaciones, sucede dentro de un tiempo y un espacio intermedios respecto del interior (la vida psíquica) y el exterior (la realidad objetiva). Y allí, entre lo que llamamos una conducta, que puede circunscribirse al “entretenimiento”, y una contemplación que según lo antedicho, tendrá que ver con la adaptación y el acatamiento a las propuestas de entretenimiento, está la creatividad: crear es producir algo de la nada.
Y en segundo lugar, comprender y reflexionar acerca de que en el juego -y no hablamos de la interacción con los juguetes ni del juego pautado y dirigido, sino de aquel que implica un estado en el que se puede generar la búsqueda del “qué hacer”- los chicos fracasan, exploran, intentan, representan, simbolizan, dejan huellas, emprenden acciones en las que hay que decidir, elegir y se sienten creadores.  Es en y por esa búsqueda, ese trabajo similar al de un artista, en que se dirime la “expresión del YO SOY, estoy vivo, soy yo mismo”.
Jugar es un acto creativo y crear es una experiencia vital. Por lo tanto, somos los más grandes los que debemos resignar nuestra necesidad de ocupar el tiempo de los chicos, sostener la ansiedad que genera y que proviene de las pautas culturales del entretenimiento, y garantizar y respetar esos momentos de búsqueda y frustración, pero también, de enormes hallazgos y un amplio repertorio de ganancias, que tienen que ver básicamente con que a partir de un jugar creador a solas, se podrá jugar creativamente con otros en una relación.
Lic. María Cecilia Dubois. Psicóloga. M.N: 58523.
Consultas y asesoramiento al: 15-5622-7591.