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Si de hacer cuentas se trata…

Se acerca fin de año y el cierre de ciclo e inicio de uno nuevo en todo el mundo, llevan a efectuar balances y a revisar las “cuentas”: ¿qué solemos calcular? Quiénes están a nuestro lado, qué ganancias pude obtener de mi trabajo y qué he perdido, qué podré hacer mejor el próximo año, si encontraré un amor, si terminaré los estudios o empezaré a estudiar, mudaré mi casa o refaccionaré la actual, seremos más o menos, cómo está mi salud, cuál será el leitmotiv del año entrante y demás razones para brindar y pedir deseos justo a las doce del día que lo permita. Paz, amor, felicidad, justicia, son los tópicos que nos hacen levantar la copa, como expresión de anhelo de éxito y prosperidad.
Por otro lado, algunas estadísticas indican que la mayor cantidad de síntomas graves o de crisis emocionales severas, ocurren durante este período, que va desde fin de año a inicios del próximo; lo que la comunidad científica argumenta gira en torno al descenso abrupto de actividad, cuestiones de hábitos respecto de los excesos, y demás hipótesis que sirven a lo que se pretende ubicar como causales. Sin embargo, es necesario interpelar algo allí, si se trata de considerar que la correlación es lo mismo que la causación o causalidad.
La ciencia sigue adeudando el otorgar a las experiencias humanas la posibilidad de que el llamado “éxito social” no lo sea todo; que la educación, la prevención, la vasta información que circula por los medios, no alcance para obtener satisfacción en algunos aspectos. Es posible que esta satisfacción no tenga lugar en tanto no se trataría de tal o cual resultado; de hecho, la insatisfacción no tiene límites en su perseverancia,  y una vez hallado el objeto de  prosecución, irá por otro, y otro más, y es justamente el no saber de qué se trata semejante motivación, solemos tomar decisiones en pos de los resultados, antes que sostenernos en los procesos, muchas veces revestidos de una cierta e incomprensible lógica. Discutimos, nos confrontamos, peleamos con quienes piensan o sienten de manera diferente y no comparten los mismos propósitos; efectuamos balances acerca de los vínculos y actuamos en consecuencia, tomando distancia, silenciando o agrediendo, incluso, a quienes estimamos. No se comprende cómo es que este o aquel con quien compartí tantos años, un amigo, una pareja, un compañero, de repente se ha convertido en mi oponente, mi amenaza y el portador de mi malestar.
Calculando si dieron o no con nuestras expectativas; solemos proyectar en quienes nos rodean eso que es sentido como éxito o frustración, apañados por la certeza de que si quien yo quiero me da lo que necesito, es porque me ama y merece ser amado por mí. Calculamos que si esto no ocurre es porque no hay el amor suficiente, ni el interés, ni las ganas o la voluntad de que la experiencia fuera más cercana a lo esperado. Si este otro no me satisface, puedo cambiarlo; si siento incomodidad en el trabajo, buscaré otro…En la medida en que la calidad de los vínculos va siendo “cosa juzgada”, se cae con frecuencia, y tentados por las promesas de felicidad, en ese lugar confuso que todo es permutable o asequible, es que ya no se tratará de placer, de satisfacción o de mejores condiciones de vida, sino que la dirección que pueden tomar nuestros actos puede ir a dar con aquello que aparenta ser efectivo, en términos de causa; es decir, las proposiciones ajustadas a los resultados, en lugar de sostener la inquietud de qué nos hemos propuesto, y si sólo de eso se trata , o hay allí un malestar de otra estofa, y el referente señalado, es o no el correcto. La confusión estará entonces circunscripta a una hipótesis, del orden de “tengo todo para ser feliz; sólo me faltaría…” (un amor, un hijo, una casa, un mejor empleo, esas vacaciones soñadas, etc). Porque no es posible arribar a esa noción de TODO para un sujeto, ni lo identificado como lo que falta es del acervo de lo que se puede obtener sólo con proponérnoslo o contar con los recursos como para que sea nuestro.
Antes de tomar decisiones, asumir crisis y estados sintomáticos bajo estas condiciones, es necesario detenerse, no sólo en el trabajo y la rutina diaria, sino en las cuentas; consultar con un profesional, cuya tarea es entrar en los cálculos, y quizás este brindis, estas vacaciones, no revistan el objetivo de actuar inteligente o tontamente, y puedan ceder -más amablemente- nuestras más profundas resistencias.
Lic. María Cecilia Dubois. Psicóloga. M.N: 58523.
Consultas y asesoramiento al: 15-5622-7591.