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¿Por qué llamar “Trastornos del Lenguaje” a las dificultades del habla?

Para la semiología, la lengua, es un sistema de signos que expresan ideas; supone que las ideas pre- existen a las palabras. Según Saussure, es el punto de vista el que crea el objeto que nombra, y hablar, se trataría de una facultad compuesta por convenciones adoptadas por determinado cuerpo social. Así, los conceptos, se encontrarían asociados a las representaciones de los signos lingüísticos o imágenes acústicas que le sirven a su expresión. ¿Pero hablar es -como indican los lingüistas- un acto de la voluntad y de la inteligencia? Si se trata de una institución social y lo instituido altera las condiciones relacionales, su fluidez y continuidad, serían efectos de una reciprocidad dada de hecho, incluso antes que las ideas y los términos asociados a ellas.
¿Es lo mismo el lenguaje que la lengua? Para algunos profesionales, la lengua representa hábitos lingüísticos que hacen a la comprensión. Para otros, posee una influencia perturbadora de un elemento inconsciente, que sólo puede emerger a la conciencia por medio de un profundo trabajo, y que se dirige contrariamente al efecto del discurso. Si se tratara solamente del lenguaje, el habla sería la expresión correcta del pensamiento; no habría errores, olvidos, sustituciones, fallas, omisiones, ni ninguna dificultad al decir lo que voluntariamente e inteligentemente se pretende expresar. Sin embargo, vemos muchos chicos y jóvenes portando certificados con diagnósticos del orden de los denominados “trastornos del lenguaje”; la palabra “trastorno”, que se aplica a modos fallidos de decir, estrafalarios, alteraciones discursivas o ausencia de palabras, sílabas, letras, desorden sintáctico, pragmático, etc…Entonces, ese sujeto que no habla o habla mal, ¿piensa?
Si un trastorno es una alteración, ¿es posible que ese funcionamiento considerado fallido para la pretensión de normatividad, sea un intento de proteger/preservar al sujeto, en tanto toma así distancia del lenguaje?
Una jovencita española fue víctima de un accidente automovilístico y una de las consecuencias fue la pérdida de memoria; pero al tiempo de iniciada su rehabilitación, comenzó a hablar en francés, lengua que jamás había estudiado, y no recordando ni un solo término en español, siendo esta última su lengua materna. Avanzado el tratamiento, la adolescente comenzó paulatinamente a recordar situaciones de los primeros momentos de su vida, y entre todas, afloró la presencia muy significativa, de su niñera, de origen francés, quien solía hablarle y cantarle mientras cuidaba de ella.
A partir de esta experiencia podríamos hipotetizar respecto de si la lengua materna es la que se habla o la que se inscribe al ser hablado. Lacan dice, más allá del fenómeno semiológico, más allá de la lengua en su estructura sintáctica, que el sujeto del que se trata es efecto del lenguaje; es decir, la experiencia del sujeto es en el campo del significante: “es el sujeto en cuanto es representado por un significante para otro significante”, y por lo tanto, no es aprehensible en su significación si no hay allí una señal del sujeto que habla (u omite todo o algo del discurso).
El DSM IV es el Manual Estadístico de Desórdenes Mentales, publicado por la Sociedad Norteamericana de Psicología, y el libro en que se consignan las características de los trastornos del lenguaje expresivo, del lenguaje receptivo, del fonológico y el tartamudeo; incluso, del mutismo selectivo, que “impide al niño hablar en situaciones sociales específicas, en las que se espera que hable”. ¿Allí, cuando se produce el silencio, la repetición, la falla, hay un trastorno? ¿O es el referente el que determina que aquel signo/concepto/frase o su omisión o sustitución, no es correcto?
¿Si un niño que no habla, expresa tristeza o alegría en su corporalidad, podemos decir que está triste o alegre? ¿Qué nos lleva a afirmarlo, si no, alguna idea que pre-existe a la palabra? ¿Carece ese niño de voluntad de expresarse o este “lenguaje”, a los fines de crear, se trata de una producción de sentido?
Comprender que el “hablar” convencional no es signo de salud necesariamente, ni los denominados “trastornos del lenguaje” son sinónimo de enfermedad, es el punto de partida para abordar seriamente la cuestión de la función de la palabra.
Lic. María Cecilia Dubois. Psicóloga. M.N: 58523. Consultas y asesoramiento al: 15-5622-7591.