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El adolescente “es” cuerpo.
La adolescencia siempre fue y será un período de crisis, de cambios, de adaptaciones. Cambios corporales y complejos desarrollos cognitivos hacen zozobrar un mundo aparentemente equilibrado, el de la niñez. 
Me gustaría detenerme en el cuerpo del adolescente. Antes de hablar de sexo, identidad y orientación sexual, está el cuerpo. Es tema fundamental de todo adolescente en nuestra cultura y en casi todas. La pubertad es un momento de importantes cambios corporales: crecimiento del tamaño del cuerpo, cambio del timbre de voz, nueva fuerza física, aparición del bello, mayor prominencia de los caracteres sexuales, nuevas sensaciones ahora posibles en relación con el sexo. Como estos cambios están acompañados por grandes adquisiciones psíquicas (capacidad de proyectarse, de abstraer, de utilizar tipos de razonamientos hipotéticos deductivos, razonar sobre razonamientos, etc.) el adolescente comienza a tener mayor conciencia de sí mismo y en consecuencia de su cuerpo. Si bien la imagen corporal básica ya está definida desde la niñez, todos estos cambios obligan a revisar y rehacer  el esquema que se tiene del propio cuerpo.                                      
Y junto al autoconcepto que el adolescente tenga de su cuerpo aparece el concepto de autoestima. En este período los aspectos más importantes que representan su cuerpo son la eficiencia física y el atractivo corporal. Su autoestima será más positiva y elevada cuando el adolescente se sienta más atractivo o eficaz. Para él, cualquier tendencia a mejorar o perfeccionar su apariencia y optimizar su eficiencia física repercute en la mejora de su autoestima. Por eso cualquier comentario, elogio o crítica muchas veces es sobredimensionado por el adolescente, que vive  en un mundo donde el cuerpo en general es una preocupación. Imagen, belleza, juventud, delgadez, son cuestiones que están en el centro del pensamiento a toda edad.
En occidente, el culto por el cuerpo es cada vez mayor, el mercado apuesta a la apariencia, a la imagen, la posibilidad de ser exitoso depende de seguir determinados parámetros estéticos. Se intenta “controlar” el cuerpo porque hace preguntas, y la única respuesta aparente parece ser mantenerlo joven. El real parámetro para todas las edades parece ser el cuerpo adolescente. Y allí radica una de las contradicciones que transita el adolescente. Ese cuerpo deseado por todos a él le hace preguntas, en principio le es desconocido.
Socialmente, en cuanto al cuidado de la salud, también aparecen preocupaciones que derivan en un compromiso del cuerpo, actividad física, buena alimentación, ponen en primer plano a un cuerpo que se usa cada vez menos. Se compra por teléfono o por la web, se manejan autos, usamos escaleras mecánicas como si el cuerpo no sirviera ya para eso. Y luego se concurre al gimnasio a pasar media hora en una caminadora, paradoja de nuestro tiempo. No utilizar el cuerpo puede tener como consecuencia  no sentirse bien dentro de él. Hay que “trabajarlo”, “modelarlo”, hacer que quepa en un modelo determinado y aquel que no lo hace es discriminado, no es interesante, no seduce, “se deja estar”, es excluído. Acá aparece la importancia de la mirada del otro, del otro cercano y del otro que personifica al mercado. Y la mirada siempre es importante, siempre conmueve.
Y el adolescente “es” cuerpo. Y esta realidad es la que muchas veces confunde al adolescente, aparece una controversia entre lo que la sociedad propone y lo que el adolescente necesita. La mirada del otro no siempre está puesta donde el adolescente espera.      Si el cuerpo que él tiene es objeto de deseo de todo quien lo rodea, por qué le es tan conflictivo? Por qué nunca está satisfecho? Esta adolescentización general de la sociedad complica el combate interno estructural que debe transitar el adolescente.

Lic. Carina Sívori. Psicoanalista.
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