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BESOS  EN LA FRENTE
Desde la edad de piedra las personas nos besamos unos a otros como señal de cariño, pero  existe una larga tradición en su simbología, propia de cada cultura: la Biblia hace mención al beso como comunión de almas pero también, denuncia la traición a través de un beso que conducirá a la muerte; los mafiosos sicilianos, besan como indicio de respeto y lealtad; los fieles besan el anillo de los obispos; los musulmanes propinan tres besos, sólo entre hombres, y los jerarcas nazis, se besaban delante de otros, para ostentar sus jerarquías. Incluso, otras especies, utilizan este recurso, algunas, para alejar a un miembro de la manada; otras, para su reconocimiento. Hasta la Literatura recurre al beso, como en el caso de Blancanieves, como única posibilidad de deshacer el hechizo y seguir viviendo.
Lo cierto, es que hay muchas formas de besar; tantas, como intenciones se expresan por ellas. Dos besos, tres besos, besos en la mano, besos en la frente, besos en a mejilla,  besos en la boca… Estos últimos, reservados para encender la sensualidad. Según Freud, “el beso constituye la quinta esencia del placer oral”, por lo que no andamos a diario besando a diestra y siniestra: algo tan aparentemente sencillo y espontáneo como el acto de besar se rige en realidad por códigos muy precisos. El cuándo, el cómo, el a quién, así como en qué parte del cuerpo, están regidos de un modo bastante estricto según el tipo de relación, la ocasión, el parentesco, la edad y el sexo de la otra persona. Por lo que aquí, en nuestro país,  los besos en la boca están reservados para el vínculo de pareja.
Pero en algunas familias existe la costumbre de darse besos en la boca entre padres e hijos, adjudicándole a esta práctica una inocencia que no reviste: los chicos sí son inocentes frente a las costumbres, hábitos y necesidades de sus padres; los padres, no. Es sabido que para que un niño se desarrolle saludablemente, es fundamental que sus padres les muestren su cariño, que además, debe manifestarse por todas las vías posibles: elogios, palabras tiernas, tiempo compartido, besos, abrazos, caricias y mimos. Pero ¿por qué besar en la boca a los chicos? El vínculo sexual-erótico es de papá y mamá, o de papá con su pareja o de mamá con su pareja; quienes, además de ejercer su sexualidad, deben respetar y comprender que la sexualidad infantil existe; se va inscribiendo en el cuerpo de los chicos y va pasando por distintas etapas, que los adultos acompañamos con nuestros cuidados, amamantándolos, cambiándolos, bañándolos, hamacándolos; erogenizando su piel cada vez que  acariciamos sus manos, sus mejillas, su cabecita… Pero es SU cuerpo, del que -a partir de adquirir la marcha y otras tantas habilidades, como el lenguaje-, esperamos que pueda disponer por sí mismo. ¿O no los educamos, acaso, para que puedan moverse con autonomía, independencia; que puedan elegir, optar y decidir? Y parte de esa educación está en el modo en que nos vinculamos con ellos. Si los gestos hacia un hijo son similares a los que ellos reconocen como propios de otro tipo de relación entre adultos, la relación cae en una confusión, que aún no pueden desanudar solos.
Además, ¿quién necesita un beso en los labios? ¿Mamá? ¿Papá? ¿La abuela? ¿El tío? ¿Creemos que el amor hacia un chico es más tierno, más ingenuo, más cercano, más apropiativo a través de besos en la boca? Para apropiarse, están los objetos; para los besos en la boca, están nuestras parejas. Preservemos nuestra intimidad y respetemos la de los otros. Reservemos para nuestros hijos aquello que construye, que edifica, que  recorta su cuerpo del nuestro y  que ofrece herramientas para ser más saludables: nada tan amoroso entre padres e hijos que esos cálidos besos en la frente que nos daban los abuelos y las maestras al llegar o volver del colegio.