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Un vínculo muy especial.
En el ámbito de la Psicología sabemos que existen diversas teorías, cada una de ellas con sus respectivos métodos. Psicoanalítica, guestáltica, cognoscitiva, etc. Cada una de estas teorías poseen su marco teórico, sus técnicas, sus modos de ver al paciente y a su realidad. Una de las pocas cosas que comparten, que tienen en común, es el vínculo tan especial entre profesional y paciente. Este vínculo se llama transferencia y tiene sus peculiaridades. Como su nombre lo indica, esta relación supone que alguien transfiere algo a otro. ¿Qué es lo que se transfiere?  Esto es lo que trataremos de revelar.
Sigmund Freud en 1921 en un texto llamado “Psicología de las masas y análisis del yo” se pregunta, entre otras cuestiones, por qué los sujetos se comportan diferente estando solos que cuando son miembros de una masa. Obviamente los ejemplos son muchos respaldando esta hipótesis inaugural: todos podemos observar cómo las personas cuando forman parte de un grupo masivo, realizan actos, tienen actitudes, se comportan de una manera que muy difícilmente harían solos. Una cancha de fútbol, un recital, una marcha, son muestra suficiente. Lo que descubre Freud es que existe un mecanismo que aglutina, que homogeneiza y que permite que todo esto suceda: la identificación.
Resumiendo y tomando sólo lo que nos ayude a entender el tema, la identificación, en la mayoría de los casos, es un proceso inconciente donde la persona toma un rasgo del otro y lo incorpora como propio. En psicoanálisis puede reconocerse como la manifestación más temprana de un lazo afectivo, los niños se identifican con sus padres, y de ellos toman rasgos. Vemos niños que caminan igual a sus padres, que les interesan los mismos temas, que hablan de la misma forma, etc. Y como todo proceso primario, va a ser determinante para todo futuro vínculo. ¿Qué significa esto? Que todo futuro vínculo va a estar teñido de este modo de vincularse con el que el niño se formó como sujeto. Pero estos modelos no son una sentencia: un niño golpeado no tiene por qué seguir siempre en una posición de víctima o de golpeador, todo va a depender de su fortaleza psíquica, de la fortaleza de sus mecanismos de defensa o de la ayuda analítica que le permita romper con estos moldes primarios.
Claramente en la relación entre analista y paciente, el sujeto viene con todo este mundo de identificaciones. El analista pasa a ser uno más en esa serie de identificaciones. Y el sujeto transfiere en él cuestiones que tienen que ver más con su historia previa que con el presente en el consultorio. Por ejemplo, un paciente puede poner al analista en el lugar del padre, de la madre, de un amigo y transferirle sus sentimientos tanto positivos como negativos. Es natural, porque es lo que se hace con cualquier vínculo. La peculiaridad de la tarea del analista, es correrse de ese lugar, no seguir siendo receptor de esas identificaciones previas. Esa es la única manera de poder abrir un espacio de análisis.
Podemos decir que cualquier tipo de terapia, cualquier tipo de vínculo: pareja, amigos, familia, docente-alumno, etc., se funda en la transferencia. Lo que el psicoanálisis decide es tomarla como una parte importante del tratamiento. No dejar que se convierta en resistencia y no quedar atrapado en una red de identificaciones que le es ajena.
Lic. Carina M. Sívori. Psicoanalista. M.N. 20662 M.P. 91463.
Consultas al 4758-1740 / 15-6953-7703.