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Adicciones en la adolescencia.

La adolescencia es una etapa que tiene características muy particulares, algunas de las cuales pueden favorecer el vínculo con las drogas. La ansiedad, la dificultad de aceptar los cambios físicos y psicológicos propios de esa etapa, la rebeldía, la seducción de lo transgresor, la presión del grupo de amigos, la búsqueda de una nueva identidad, puede ayudar a la creación de este vínculo especial con el objeto droga. Y digo “objeto droga” porque precisamente es uno más en la serie de objetos con el que el adolescente se vincula. Lo que lo hace diferente son los efectos que va a tener en su vida.

Estructuralmente durante el período adolescente los jóvenes deben desvincularse parcialmente de sus padres. Deben buscar vínculos exogámicos, en definitiva, buscar objetos externos. Para que esto suceda, los padres deben favorecer esta salida, esta búsqueda. Pero algunas veces nos encontramos con padres que la obstaculizan. El adolescente produce una desidealización de sus padres, para lograr la diferenciación en el ámbito familiar y poder buscar, así, su propia identidad. Esta actitud genera sentimientos de desamparo y soledad.

Los padres se sienten muy movilizados por la entrada de su hijo a la adolescencia, sensaciones encontradas hacen que se resistan a aceptarlo. En general, aceptar que un hijo ya no es un niño, es aceptar que ellos mismos, los padres, no son tan jóvenes y presentificar su propia vejez y muerte. Temas que en nuestra cultura occidental son negados, de eso no se habla. 

Precisamente la palabra adicción deriva de a: no y dicción: decir. Una de las características de las adicciones es la imposibilidad de expresarse, comunicarse, decir lo que les pasa, hay un vacío en los vínculos, y el objeto droga, lejos de ser una solución, termina de obturar toda posibilidad de exteriorizar sus conflictos, y con ello, pedir ayuda. Como consecuencia surge un mayor aislamiento, y una vinculación casi exclusiva con aquellos que comparten sus códigos.

Es adicta la persona que supone no puede vivir sin el consumo de alguna sustancia química, por lo que la consume en forma compulsiva. La situación más extrema es la dependencia, en la que el objeto droga no se consume por el placer que éste supone brindar, sino por el displacer que provoca estar privado de él. La dependencia es psíquica y física. Lo que hace un adolescente que consume drogas es manifestar un síntoma de algo que subyace, es una señal de alarma de un estado emocional y psíquico específico.

Una característica particular de las adicciones es no sentir que se  tiene un problema, no hay conciencia del círculo vicioso en el que están atrapados. En general, a la consulta profesional llegan obligados ya sea por la familia, la escuela o algún juzgado.

Doble desafío para el profesional si nos encontramos frente a un adolescente, el cual muchas veces adhiere a un sustituto como las drogas para intentar reemplazar el vínculo con sus padres y solucionar sus ansiedades en el área del cuerpo.

Lic. Carina M. Sívori. Psicoanalista. M.N. 20662 M.P. 91463

Consultas al 4758-1740 / 15-6953-7703.