VOLVER A INDICE / NOTAS

Nuevas familias, nuevos padres.
Aspectos destacados del informe realizado por el Observatorio de la Maternidad.

La concepción y las características de las funciones maternas se modificaron acordes con el desarrollo de las sociedades. De ser concebida como un hecho natural y biológico que le otorga identidad femenina a la mujer mudó a una opción elegida y condicionada por las pautas sociales, culturales y económicas de la sociedad en la cual se desarrolla.

  • El ingreso de la mujer al mercado laboral y los cambios que produjo en las estructuras familiares y funciones de sus miembros.
  • Los aportes de los movimientos feministas en la búsqueda de la igualdad y de una identidad femenina propia.
  • Las innovaciones en el área de salud relacionadas con la contracepción.

Estas modificaciones se corresponden con la transformación de la imagen y roles de los varones, incluidas las funciones paternas. La dinámica familiar tradicional donde el padre era el proveedor principal del hogar y la madre estaba dedicada a las tareas domésticas se replanteó sustancialmente. Los hogares pasaron de una estructura familiar arraigada con jefatura masculina a una mayor diversidad, en la cual puede observarse un aumento notable de hogares donde ambos cónyuges aportan ingresos, e incluso presentan jefaturas femeninas.
Hoy se observa una demanda creciente sobre los varones para que asuman mayores responsabilidades en las tareas del hogar y de cuidado. Se asiste a un momento de transición, en el cual se pasa de la valoración del padre proveedor a la del padre comprometido con el bienestar emocional de la descendencia, con más implicación afectiva, disponibilidad y proximidad a la familia, y mayor involucramiento en las tareas domésticas y de cuidado.
La paternidad no puede restringirse a un asunto meramente biológico. La conducta parental excede la función de procreación, poniendo en evidencia comportamientos de cuidado y protección de los hijos.
Hoy, la paternidad, por ejemplo, no se considera aceptable si ella no incorpora, a la par la función proveedora material, la creación de lazos afectivos firmes y permanentes que requieren mayor cercanía de los padres con su descendencia.
La paternidad es un fenómeno complejo y cambiante, que no se puede entender sin considerar sus articulaciones con la maternidad y las relaciones de parentesco. La paternidad comprende a todos los miembros de una familia y al lugar social que dicha familia ocupa en su entorno.
El padre cumple un papel fundamental en las etapas tempranas de desarrollo: actúa como soporte emocional de la madre a la vez que representa el elemento separador de la díada madre-niño al insertarse precozmente entre ellos. La función paterna permite al hijo individualizarse separándolo de la madre, introduce al hijo en la cultura y el lenguaje.
El padre va alejándose de su antigua imagen autoritaria para construir una nueva, más protagónica en la crianza de los hijos y vinculada a los sentimientos.
En la década del 70 surgió una imagen paterna distinta, la del hombre sensitivo que comienza a tomar conciencia de su responsabilidad con la naturaleza y los hijos, y comparte con la madre algunas tareas, todo ello sin perder su virilidad. Esto dio lugar a la modificación de diversas costumbres: se incluyó al padre en el momento del parto y en algunas sociedades se instituyó la licencia por paternidad.
La nueva conducta está caracterizada por:

  • La interacción: tiempo que el padre comparte con su hijo.
  • La accesibilidad: La posibilidad que tiene el niño de contar con el padre para interactuar.
  • La responsabilidad: Función que asume el padre en lo referente a las actividades de los niños.

Un estudio de Wainermn (2003) de 200 hogares urbanos en la Argentina revela que tres cuartos de los hombres participan nada o muy poco en las actividades cotidianas del cuidado de la casa en especial, con respecto a la atención de los hijos, sostiene que si bien los hombres tienen en la actualidad una mayor participación, están lejos de alcanzar niveles de responsabilidad que tienen las madres. La principal responsabilidad de la crianza de los niños sigue siendo de las mujeres.
Incluso cuando los varones participan en el cuidado de los hijos, típicamente definen este cuidado como “ayudar”, no como una tarea en la que decidieron participar o de la cual ellos sean responsables. Y aun cuando asumen estas tareas, siguen pensando que pueden optar por excluirse de ciertos aspectos de los quehaceres domésticos. Aunque la disponibilidad de los padres para con sus hijos aumentó, ello no significa que inviertan tanto tiempo en criarlos o participen de la misma manera que las madres.
Una paternidad presente, cálida, de apoyo y no demasiado controladora produce buenos resultados para los hijos, ya que los beneficia en términos de su desenvolvimiento social y emocional.

Paola Calfapietra. Psicóloga. Coord Centro A-Ser.
Consultas y asesoramiento al: 4758-6231.