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Adolescencia y depresión.
La adolescencia es un proceso con características particulares y distintivas. El término adolescencia proviene de la palabra en latín adolescentĭa, es el período de la vida posterior a la niñez y transcurre desde que aparecen los primeros indicios de la pubertad (10-12 años) hasta el desarrollo completo del cuerpo o del organismo y el comienzo de la edad adulta (19-20 años, actualmente este límite se extiende unos años más). Es mucho más fácil definir su comienzo que su fin. Los cambios físicos que suceden en la pubertad anuncian la entrada a la adolescencia. En cambio, no hay ningún evento o fenómeno particular que nos anuncie su final.
Este período vital históricamente es conflictivo, física y psíquicamente. El niño pierde su identidad como tal y se enfrenta a cambios físicos que lo obligan a re-conocerse y a adaptarse a un cuerpo que, en principio, le es ajeno. Su estructura cognitiva también se va complejizando, así como su capacidad de abstracción. Esto favorece el desarrollo de ideas y teorías sobre los fenómenos que le están ocurriendo.
Claramente, las construcciones culturales que se hacen sobre la adolescencia, también la definen o determinan. En nuestra cultura históricamente esta etapa fue cambiando, hace menos de 100 años, todavía se conservaban ciertos “ritos de iniciación”: el cumpleaños de 15 en las mujeres o comenzar a maquillarse, el uso del pantalón largo en los hombres o empezar a fumar, marcaban un antes y un después. Comenzaba una nueva etapa. En muchas culturas aborígenes se siguen reproduciendo los ritos de iniciación que muchas veces reemplazan a la adolescencia como período: se comienza el rito como niño y aquel que puede superarlo, lo termina como adulto. Un dato no menor y poco casual es que, en general, estos ritos incluyen que se ponga a prueba el cuerpo, temática principal en el desarrollo adolescente.
En nuestro momento histórico, la adolescencia parece haberse transformado en un “estilo de vida”. Por eso es tan difícil hablar del fin de la adolescencia. Nuestra sociedad está adolescentizada, los niños aspiran a ser adolescentes y los adultos se esfuerzan por mantenerse en ella. Esto tiñe a  esta etapa con un supuesto “estado ideal” que puede confundir al que realmente está transcurriendo ese momento, porque no se condice en absoluto con el conflicto interno que sobrelleva.
Todas estas características muchas veces hacen dificultoso el diagnóstico diferencial. A veces nos encontramos con adolescentes introvertidos, con poco o ningún interés en sus obligaciones cotidianas, con baja autoestima, aparentemente tristes o desengañados. Muchos adolescentes transcurren por pequeños períodos depresivos que serán producto de todos estos conflictos internos que describimos. Un desamor, conflictos con los padres o docentes, peleas con sus amigos, son situaciones que para un sujeto que está en plena reestructuración de su identidad, pueden ser muy desestabilizantes.
Como siempre hay que estar muy atentos como adultos a estas modificaciones conductuales, más allá de que sean pasajeras, no dejan de mostrar que algo está pasando.
Cuando este estado se arraiga, se mantiene en el tiempo, se acompaña con mal carácter permanente, trastornos en el sueño, sentimientos de culpa, miedos, etc, puede ser un estado depresivo que requiere atención profesional inmediata.
Para concluir, la depresión adolescente es “normal”, por así decirlo, cuando esta conducta es una respuesta temporal a una de las tantas situaciones que la pueden provocar, como los cambios hormonales, el estrés estudiantil, la ausencia de un ser querido, cambios en su vida, la mudanza de un país a otro, o la crisis existencial de auto identificación que sufre el o la joven. Simplemente, como en la niñez, hay que seguir atentos a los cambios, muchas veces a pesar de ser más grandes en edad, están más necesitados de la mirada y la contención del adulto.
Lic Carina M. Sívori. Psicoanalista. M.N. 20.662 M.P. 91.463
Consultas al: 4758-1740 ó 15-6953-7703.