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Características del trastorno autista


El trastorno autista se encuadra en un nuevo grupo de  trastornos de inicio infantil: los Trastornos Generalizados del Desarrollo. Estos comprenden una serie de trastornos neurobiológicamente diversos y son estados caracterizados por déficits masivos en diferentes áreas del funcionamiento, que conducen a un deterioro generalizado del proceso evolutivo. Este tipo de trastornos (Trastorno Autista, Trastorno de Asperger, Síndrome de Rett, Trastorno Desintegrativo y Trastorno del Desarrollo no Especificado) se inician antes de los 3 años y afectan a varias áreas del desarrollo, especialmente las relativas a las habilidades para la interacción social, las habilidades comunicativas y lingüísticas y las habilidades para el juego y el desarrollo de actividades e intereses y se presenta con un amplio espectro de gravedad. Los primeros síntomas suelen ser poco claros y es frecuente que provoquen, en los padres y familiares, sentimientos de intranquilidad y temor más que una actitud eficaz de búsqueda de ayuda profesional. 
Las personas con trastorno autista pueden mostrar una amplia gama de síntomas comportamentales, en la que se incluyen la hiperreactividad, ámbitos atencionales muy breves, impulsividad, agresividad, conductas autolesivas y rabietas. Puede haber respuestas extrañas a estímulos sensoriales, por ejemplo umbrales altos al dolor, hipersensibilidad a los sonidos o al ser tocados, reacciones exageradas a las luces y olores y fascinación por ciertos estímulos.
Aunque no son criterios necesarios para diagnosticar autismo, con cierta frecuencia se observan también alteraciones en la conducta alimentaria y en el sueño, cambios inexplicables del estado de ánimo, falta de respuesta a peligros reales, o en el extremo opuesto, temor inmotivado a estímulos que no son peligrosos. El autismo en un sentido estricto es sólo un conjunto de síntomas que se define por la conducta. No es una “enfermedad”. Puede estar asociado a muy diversos trastornos neurobiológicos y a niveles intelectuales muy variados.
Las señales a las que se debe prestar atención, tienen relación con dificultades del niño/a en la adquisición de conductas o habilidades relacionadas con la socialización, la comunicación y desarrollo del lenguaje, de la flexibilidad mental, además del desarrollo de la cognición y la motricidad.
Características a tener en cuenta para la detección del problema:
En el período de 18 a 36 meses
a) No se interesa por otros niños; b) No hace uso del juego SIMULADO, por ejemplo, hacer como si imitara alguna acción cotidiana; c) Presenta juego poco imaginativo, repetitivo o rituales de ordenar en fila, de interesarse sólo por un juguete concreto, etc. d) No utiliza el dedo índice para señalar, para indicar INTERÉS por algo. e) No trae objetos con la intención de MOSTRARLOS. f) Da la sensación de no querer compartir actividades. g) Tiende a no mirar a los ojos y, cuando mira, su mirada tiende a ser corta y “de reojo”.h) En ocasiones parece sordo, aunque otras puede parecer especialmente sensible a ciertos sonidos. i) Presenta movimientos raros, como balanceos, poner los dedos en posiciones extrañas, etc.
De 3 a 5 años
a) Baja respuesta a las llamadas de los padres o adultos, o a otros reclamos, sin evidencias de que haya sordera. b) Dificultades para establecer o mantener relaciones en las que se exija atención o acción conjunta. c) Escasa atención a lo que hacen otras personas, en general. d) Retraso en la aparición del lenguaje que no es sustitu ido por otro modo alternativo de comunicación. e) Dificultades para entender mensajes a través del habla. G) Pocos elementos de distracción y los que existen pueden llegar a ser altamente repetitivos y obsesivos. h) Dificultades para soportar cambios dentro de la rutina cotidiana, por ejemplo, en los horarios o en los lugares en los que se hacen determinadas actividades, etc. i) Alteraciones sensoriales reflejadas en la escasa tolerancia a determinados sonidos, olores, sabores, etc. j) Escaso desarrollo del juego simbólico o del uso funcional de objetos. k) Alteraciones cognitivas (percepción, memoria, simbolización) que afectan a la resolución de problemas propios de estas edades. l) Problemas de comportamiento que pueden ir desde los correteos o conductas estereotipadas del tipo balanceos o aleteos, hasta rabietas de intensidad variable.
A partir de los 5 años: comprobar si los síntomas anteriormente descritos están presentes o lo han estado. Para aquellos casos del espectro autista más “leves” habría que comprobar a partir de esta edad lo siguiente: a) Dificultades para compartir intereses o juegos con otros niños y niñas. b) Tendencia a la soledad, en recreos o situaciones similares o a abandonar rápidamente los juegos de otros niños y niñas por falta de habilidad para la comprensión de “su rol” dentro del juego. c) Juegos o actividades que, aún siendo propias de su edad, llaman la atención, por ser muy persistentes, incluso obsesivas.
La detección e identificación oportuna de los niños/as con riesgo de autismo, tiene como propósito remitirlos tan pronto como sea posible a una evaluación diagnóstica completa y que pueda acceder a las intervenciones que requiere. La evidencia señala, que una intervención temprana intensiva en un marco educativo óptimo conduce a una mejoría en el pronóstico de la mayoría de los niños con autismo, incluyendo el lenguaje en un 75% o más, y significativos incrementos en los progresos evolutivos y rendimiento intelectual.
Lic. Carina M. Sívori. Psicoanalista
M.N. 20662 M.P. 91463.
Consultas al: 4758-1740 / 15-6953-7703.