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En Marzo empiezo...

Llega marzo y se impone la necesidad de dar comienzo a algo…Así como el día lunes, el mes del equinoccio de primavera en el otro hemisferio y de otoño, en el de más acá, marzo ha sido en su momento, el primer mes del año en el calendario romano. ¿Es esta la razón por la que porta la connotación de principio?
Hemos mencionado en artículos anteriores en qué consiste la procastinación: la actitud de postergar lo que debe hacerse con el fin de evitar la tensión que conlleva.
¿Cuántas veces nos decimos “el lunes empiezo”, “en marzo lo hago”? ¿Y cómo es que surge esa tensión que parece atenuarse con una fecha no tan próxima desde que se presenta la idea, hasta que se actúa, aunque algunas cuestiones están signadas por un tiempo confín? ¿Cuáles son esas fuerzas opuestas a las que nos vemos sometidos, entre la intención y la concreción?
Con el objetivo de mejorar el rendimiento del período anterior (comer menos que la semana pasada, estudiar más que el  último cuatrimestre, trabajar mejor que en el 2015, tener  una vida social más nutrida, tomar los turnos para los controles médicos, iniciar un tratamiento pensado hace tiempo…) -lo que ejerce uno de los vectores de la fuerza- con igual intensidad aparece la expectativa, recubierta de propósito o promesa; “ARRANCO”. De un lado, las ganas; del otro lado, amenazante, una sucesión de excusas: el calor, los chicos, las rodillas, la distancia, el horario…
La sabiduría popular protege aquellas respuestas, que al modo de los mensajes encriptados, creemos no poder descifrar: las abuelas decían “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, lo que nos genera una sensación de culpa, que se profundiza con los días, la semanas, los meses, los años…Los analistas solemos preguntar “¿usted qué quiere hacer?”; no en la dirección de obtener de allí una readaptación a la realidad que aqueja, y mucho menos, apelando a movilizar la voluntad, puesto que pretender que solamente con intenciones vienen los logros, sería desestimar la complejidad del lenguaje, de la constitución psíquica, de la efectividad de los mecanismos de defensa, de la resistencia misma y de la función de la transferencia. Freud explica al respecto en su texto “Esquema del psicoanálisis”, que el yo dispone respecto los movimientos voluntarios. Su tarea es la auto-conservación tanto frente al mundo exterior como frente al ello. Frente al primero se percata de los estímulos, acumulando experiencias sobre ellos, huyendo o enfrentándolos, buscando modificar el mundo exterior por su actividad, mientras que frente al ello trata de dominar las pulsiones y decide si han de tener acceso a la satisfacción o se debe postergar la oportunidad. Por lo tanto, que una instancia aspire al placer y otra se procure displacer, reviste una lógica difícil de asir, pero no, imposible de interpretar. Que usted hable, implicará entonces, que ese sujeto que dice, se enfrente al “sujeto que se teje en su lenguaje, del cual el individuo experimenta no saber nada”…Entonces “aparece la duda sorprendiendo: ¿Qué me pasa? ¿Por qué me sucede siempre esto?”, dice Camilo  Ramírez Garza.
Sin embargo, existen en las diferentes culturas, algunas afirmaciones que suelen echar luz sobre el malestar que se erige ante cada postergación o promesa de hacer ahora aquello que ya deberíamos haber hecho: el lugar y el tiempo son coordenadas que estructuran tanto la satisfacción como la moción contraria; convenciones, leyes arbitrarias, necesarias al momento de justificar las acciones y las omisiones, pero que pueden resultar perturbadoras. Los hindúes sostienen que en cualquier momento en que se comience algo es el oportuno, así como ninguna gota de lluvia cae alguna vez en el lugar equivocado. Quizás, comenzar por comprender, que el hacer está por encima de esas coordenadas, siempre y cuando, se trate de un movimiento y que como todo movimiento, nos puede dejar en otro lugar; más cerca y en tensión con algo del orden del deseo y cada vez más lejos de la tensión con lo otro y los otros.
Si la intención es comenzar en marzo, comencemos; seguramente es el momento indicado.
Lic. María Cecilia Dubois. Psicóloga. M.N: 58523.
Consultas y asesoramiento al: 15-5622-7591.