VOLVER A INDICE / NOTAS

Enseñar habilidades sociales…
Trastorno generalizado del desarrollo

Los niños con trastorno generalizado del desarrollo (TGD), muestran un déficit en las habilidades sociales. Pareciera que no llegan a comprender las reglas no escritas de la comunicación socio – cultural, que la mayoría de sus pares aprenden solo por el hecho de nacer y vivir, en el seno de una sociedad.
Las conductas sociales que se aprenden en la interacción con otros, con naturalidad y sin que medie una propuesta formal de aprendizaje, no surgen espontáneamente en los niños con TGD, por lo que aprenderlas se convierte en un gran desafío para ellos.
Si bien el grado de afectación de las diferentes habilidades sociales, puede variar en cada niño, siempre se encuentran afectadas: la comunicación; la interacción social y la flexibilidad.
*Comunicación: Muestran falta de reciprocidad.  A menudo desarrollan monólogos, perdiendo de vista al otro.  El lenguaje suele ser lineal con escasos cambios en la entonación. Muestran abiertamente el desinterés cuando lo que dice el otro no les interesa, aunque estén en una situación “casi dialógica”.  
*Interacción social: Muestran dificultades en las relaciones intersubjetivas, por falta de empatía. Les resulta difícil “ponerse en el lugar del otro”.
Algunos niños rechazan el contacto físico como los besos o los abrazos, incluso los cuidados maternos, desde temprana edad.
*Flexibilidad: Suelen presentar intereses o conductas estereotipadas.
Hay algunos niños que llegan a interesarse tanto por algún tema que sobresalen extraordinariamente de los conocimientos que poseen otros niños de su edad. Estos  conocimientos suelen ser restringidos o estancos, ya que están más cerca de la acumulación de información que del lado del aprendizaje, porque carecen de la plasticidad suficiente como para integrarse a otros conocimientos y en general no se observa una etapa de desequilibrio en la búsqueda de conocimiento, no se observa la duda, la expectativa inicial como para luego restablecer el equilibrio al poder integrar el nuevo aprendizaje a los ya existentes. Cuesta mucho que generalicen lo aprendido en un contexto, a otros similares.
En general la improvisación, la falta de organización y de rutinas cotidianas desequilibran el bienestar del niño. El readaptarse a estas situaciones imprevisibles, es un foco problemático.
De acuerdo a estas peculiaridades, brevemente explicitadas, que presentan los niños con TGD, quienes trabajamos con ellos debemos ayudarlos, proponiéndonos la enseñanza deliberada de las diferentes habilidades sociales, diseñando un plan de tratamiento acorde a las particularidades de cada niño. Considerando su mecanismo de aprendizaje y de encuentro con el mundo. Observando primero su modo de aprender, de jugar, de vincularse con los otros y con los objetos. Trabajando primero lo vincular – relacional con el terapeuta, porque si no está armado ese lazo transferencial primordial para los progresos en el tratamiento, las intervenciones serán poco eficaz.
Recién luego de que esté instalado este lazo transferencial se comienza a trabajar para favorecer el aprendizaje de las habilidades sociales que le permitirán al niño reubicarse y participar de la vida en sociedad.
Lic. María Fernanda Cabrera. Psicopedagoga.
Coordinadora de Centro A-Ser.
Consultas: 4758-6231 / 15-6977-7150.