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¿Qué hago después de terminar la escuela?
Esta es una pregunta frecuente que se hacen los adolescentes cuando se acerca la finalización de sus estudios secundarios.
Es el último año, se viene el viaje de egresados y cuando éste pasa, caen en la cuenta que llegó el tiempo de tomar decisiones “importantes”, de ponerse a pensar seriamente en qué hacer, en ese tiempo que se viene, sin escuela. Tal vez sea necesario, no empezar a pensar a último momento, puesto que estas decisiones no se dan de un día para otro sino que son parte de un proceso que se va construyendo y que suponen un “aprender a elegir”.
En la actualidad vivimos en un escenario social lleno de cambios acelerados a nivel socioeconómico creando un contexto de incertidumbre para quienes quieren definir “su futuro” y conformar sus itinerarios de vida. ¿Qué estudiar? ¿Qué trabajo elegir? ¿Trabajar y/o estudiar?
Al mismo tiempo, la familia, temerosa del futuro de sus hijos, cree que lo mejor para poder hacerse de un lugar en la sociedad y el mundo, es estudiar una carrera universitaria. Sin proponérselo, se llenan de ansiedades que transmiten a los jóvenes, poniéndolos en la encrucijada de tener que decidir, entre las tantas carreras universitarias, casi en forma excluyente.
Este proceso suele ser difícil de resolver porque este momento de la vida, coincide con períodos de transición que conllevan duelos. Es necesario pensar en cerrar una etapa y dar lugar a lo nuevo que se acerca. Este pasaje a la vida adulta, al terminar la escuela, se transita como una crisis, que implica un reacomodamiento de cuestiones vinculadas a los proyectos de futuro y esto supone, pensar un poco más allá de la mera elección de una carrera. Cuando nos referimos a lo vocacional no podemos dejar de pensar que este campo no sólo se conforma por cuestiones inherentes al sujeto sino también por el contexto social en el que está inserto. Diversos son los factores que intervienen en el proceso de elección, como los intereses y deseos personales, los modelos familiares, la relevancia social de la actividad elegida, ya sea una profesión o una ocupación,  y el contexto económico y social.
Es importante destacar que una persona, no necesariamente tiene que tener gusto por una sola actividad y que no es igual hablar de vocación, que de ocupación o profesión. La preferencia por una actividad puede derivar en una elección y en una posterior decisión que forma parte de la conformación de un proyecto vital.
La construcción de este proceso de elección, puede resolverse espontáneamente o puede requerir de la ayuda de un profesional. Asimismo, no sólo puede consultarse para atravesar mejor un momento de transición, sino también para rever una decisión tomada anteriormente. Y si bien es usual que esta consulta la realicen los adolescentes que terminan el secundario, la llamada “orientación vocacional”, abarca diferentes etapas por la que pasan las personas en su formación profesional u ocupacional, a lo largo de sus vidas (estudiantes universitarios y adultos que quieren definir la elección de un posgrado).
El proceso de orientación o elección vocacional realizado en forma sistemática, tiene por objetivo el acompañamiento de los sujetos que lo requieran, para arribar al esclarecimiento de su identidad vocacional. Para esto, será necesario el acompañamiento en la elaboración de duelos, en el fortalecimiento de su autoestima, el seguimiento de sus ideales, la búsqueda de in-formación con sentido, la capacidad para tomar decisiones y comprometerse con ellas.
En orientación vocacional nada tiene mayor importancia que movilizar la decisión autónoma y el pensamiento crítico, brindando un espacio de reflexión en donde quien consulta es el protagonista y el profesional quien tendrá el rol de acompañar. Resulta primor-dial para esto, que el consultante asuma un papel activo en la toma de decisiones y las elecciones, puesto que la búsqueda de la identidad vocacional es una tarea personal.
La orientación vocacional permite orientar y reorientar a aquellos que tengan incertidumbres, dudas y temores, interviniendo sobre la base de la información que el sujeto dispone.
El espacio de orientación puede tener diferentes modalidades: individual o grupal. Los encuentros grupales son generalmente bajo la dinámica de taller, que junto a un seguimiento individual, resultan propicios para la participación activa de todos los integrantes, favoreciendo de esta forma la identificación de los implicados a partir de escuchar las diversas experiencias y las preguntas que otros se plantean. El trabajo grupal favorece la construcción de un proyecto de vida propio. En este marco, centrado en la información, se abarcarán las posibilidades existentes, se compartirán reflexiones sobre sus expectativas y a partir del conocimiento de sí mismos podrán develar sus deseos.
Las expectativas puestas en el futuro y saber qué “elegir”, no es otra cosa, que decidir responsable y comprometidamente entre las posibilidades existentes. Esta elección, marca un camino que no siempre será fácil, pero que se estará dispuesto a recorrer, en la convicción de que el punto de llegada es el anhelado.
Lic. Cynthia C. Frascaroli - Psicopedagoga. R.P: 563. Coordinadora de procesos de Orientación Vocacional del Centro A-Ser. Consultas y asesoramiento al: 4758-6241.