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Una mirada hacia los padres

En los últimos años cada vez es mayor el número de consultas de padres preocupados por sus hijos adolescentes.  Ya sea por problemas de conducta, consumo de drogas, trastornos en la alimentación, cambios de estados de ánimo, rebeldía, etc. Y muchas veces la consulta es sólo por el miedo a que algo de esto le ocurra a su hijo. Entonces aparece la pregunta ¿qué les pasa a los padres de adolescentes? Porque mucho se ha hablado de las características de la etapa, pero en general la mirada está puesta en los hijos y no en sus padres.
Al igual que en la niñez, el vínculo con los padres es determinante en la manera que se transcurra esta nueva etapa. A tal punto que la función de los padres puede favorecer u obstaculizar una equilibrada salida a la exogamia, al mundo exterior ajeno a la familia.
Muchas veces los padres suponen que como los chicos “ya son grandes”  no necesitan la intervención, ayuda y respaldo que les ofrecían cuando eran pequeños. Y esto no es así. Obviamente el vínculo cambia, y todas las intervenciones y límites deberán ir adaptándose de a poco a los nuevos modos de comportamiento y a las necesidades de esta nueva etapa.
Sabemos que es una etapa de cambios y de crisis, de aprendizajes. A tal punto que ciertos autores la han denominado como un “segundo nacimiento”. En el sentido que deben despojarse de su identidad de niño, deben reconocer un nuevo cuerpo, totalmente desconocido y difícil de manejar, y deben comenzar a dejar caer esos padres adorados de la infancia con todo lo que ello significa. Un nuevo comienzo.
Volviendo la mirada hacia los padres, podríamos preguntarnos: ¿qué significa todo esto para ellos? Tener un hijo adolescente, que ha dejado de ser un niñito, inconcientemente provoca una presentificación de la propia vejez y caducidad. Las diferencias generacionales existen y en cuanto hay un cambio, repercute en toda la familia.
La dificultad de los padres para procesar y aceptar todos estos cambios va a repercutir directamente en la posibilidad de acompañar debidamente el proceso adolescente de los hijos. Muchas veces la historia personal, cómo hayan transcurrido ellos mismos su proceso adolescente, sus miedos, inseguridades y dudas subjetivas, dificultan la instalación de un vínculo adecuado con el adolescente y puede afectar seriamente el desarrollo juvenil.
En la mayoría de los casos, un buen nivel de diálogo, un interés genuino por el otro, una actitud decidida de ceder y adaptarse a los cambios, intentar ser coherente y tener en cuenta las necesidades de los demás, son los pilares para que pueda haber un equilibrio en esta nueva etapa. Si el desequilibrio ya se ha instalado, pedir ayuda a un profesional que pueda ser un testigo objetivo de la situación y desenredar los vínculos instalados.
Lic Carina M. Sívori – Psicoanalista
M.N. 20.662 - M.P. 91.463. Consultas al: 4758-1740 ó 15-6512-3828