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LOS PADRES Y LA ESCUELA

La elección del colegio de los hijos es una de las decisiones más importantes, difíciles y conflictivas a la que se enfrentan los padres. Por un lado, deben evaluar muchas variables como cercanía, proyecto pedagógico, horarios, valores, etc. Y por el otro parece haber una fuerte presión sobre esa decisión: no tiene vuelta atrás. Por eso es tan claro el miedo a equivocarse en esa elección: -“si me equivoco, sentencio a mi hijo a quedarse en esa escuela para siempre”- Cuando la realidad es otra completamente: si durante el proceso educativo los padres entienden que el proyecto que propone la institución no es el adecuado para su hijo o para las necesidades de la familia, un cambio de escuela no tiene por qué ser conflictivo y traumático. Lo importante es que la familia busque un proyecto que se acerque lo más posible a su propio proyecto familiar.
Porque el trabajo de los padres no termina cuando se decide a qué colegio va a concurrir el niño o el adolescente. Recién allí empieza un camino conjunto y es muy importante que haya mutua confianza. Un padre que desafía o pone en tela de juicio constante el proyecto educativo escolar, probablemente obstaculice sin querer el vínculo que el alumno tenga con su escuela.
Los padres deben acompañar las prácticas pedagógicas del niño, ofrecerse como contención o refugio cuando el alumno necesite ayuda en las tareas, pero no deben hacer de maestros. No se puede ser padre y maestro a la vez. Primero porque es muy probable que se generen situaciones conflictivas constantes (como siempre que alguien se corre de su función para ejercer otra), y segundo porque la formación, la forma de aprender, las estrategias que pueden usar los adultos en estos casos, son aquellas con las que se formaron ellos, y seguramente son muy distintas a las que están acostumbrados los chicos. Y terminan confundiéndolos más. Por otro lado, si los niños se acostumbran a tener a un adulto siempre para resolver sus problemas, pueden volverse dependientes, pasivos, necesitando siempre de alguien cerca para trabajar. De la otra manera, revisando que haya realizado todo, si respetó las consignas, o en última instancia, facilitándole herramientas o indicios, se refuerza la construcción de su propia autonomía. En el caso de niños que tengan ciertas dificultades y necesiten una nueva explicación o refuerzo se aconseja recurrir a algún profesor particular.
Uno de los males de este milenio es la impaciencia, y en relación al aprendizaje, es un gran obstáculo. La educación debe entenderse como un proceso a largo plazo, como un proyecto. Y entender que cada niño o adolescente tiene sus tiempos. Es muy común observar padres que sobreestimulan a sus hijos a leer y escribir muy tempranamente, a acelerar los procesos de aprendizaje de las matemáticas, y esto va en contra del ritmo de la escuela.
En definitiva, los padres deben acompañar al colegio así como el colegio debe acompañar a la familia. Elegir una escuela que comparta ideas y valores familiares para que este trabajo complementario sea lo más eficaz posible, respetando el proceso que siguen en la escuela, educando en la misma dirección y asegurándose que no haya mensajes contradictorios.
Lic Carina M. Sívori. Psicoanalista. M.N. 20.662. M.P. 91.463.
Consultas al 4758-1740 o 15-6953-7703.