VOLVER A INDICE / NOTAS

¿Qué nos pasa a fin de año?

Es inevitable que frente al fin de año se tome una posición diferente a la del resto del año. Es un momento del año que no pasa desapercibido.
Se sabe que el 2 de enero la vida no va a ser muy diferente a la del 31 de diciembre, y, si llega a ser diferente, no va a ser por una cuestión calendaria, sino porque hicimos algo para cambiarla.
Hay personas que reciben estas fechas con alegría, esperanza y un clima festivo. Otras se encuentran con balances, nostalgias y sinsabores.
Es importante entender que los seres humanos estamos regidos por rituales. Cumpleaños, casamientos, bautismos, pascuas, carnavales, navidades, etc. Muchos de estos rituales tuvieron en algún momento de la historia, un significado específico, y luego un sentido simbólico (religioso, de iniciación, etc.)  Este sentido simbólico, en la mayoría de las ocasiones, fue perdido y en otras lo desconocemos.
Quizá lo que nos deberíamos preguntar es por qué, más allá de haber perdido la significación, perduran.
¿Qué sentido tienen? ¿Para qué sirven? ¿Qué función cumplen?
Se pueden encontrar muchas teorías que tratan de explicar este fenómeno. Lo principal es tener en cuenta que si persisten en nuestra identidad cultural, si sobreviven a todos los cambios, las modas y las adaptaciones, es porque cumplen alguna función.
Nuestra cultura está en constante cambio. Sin darnos cuenta, vamos aceptando nuevas formas culturales que hasta hace poco tiempo, eran impensadas. La cultura es un mecanismo ordenador de nuestra vida en sociedad, y como tal,  regula los saberes, conocimientos y costumbres. ¿Cómo lo hace? Mediante el olvido de ciertas cuestiones y la supervivencia de otras. Ninguna cultura puede acumular todo lo que produce y todo lo que acontece. Con este criterio, la supervivencia de los rituales de los que hablábamos anteriormente, definitivamente habla de una necesidad. En conclusión: los necesitamos.
Necesitamos que de vez en cuando algo rompa con lo cotidiano, con la rutina, nos haga pensar, valorar, elaborar, darnos cuenta que el tiempo está pasando, y replantearnos de qué manera lo estamos transcurriendo.
En este sentido, los eventos de fin de año tienen algunas particularidades: son masivos (más allá de creencias y religiones), coinciden con muchos otros finales (trabajo, estudios, finales de ciclos, etc.) y generalmente invitan al encuentro.
Las quejas más escuchadas en esta etapa del año son en relación a tener que encontrarse con personas que no se quiere ver y a conflictos familiares relacionados con la elección de con quién pasar las Fiestas. En ese momento, todas las historias navideñas que escuchamos y leímos desde pequeños, con una mesa repleta de comida y con una enorme familia feliz a su alrededor se desdibuja y queda automáticamente en el olvido.
El único consejo posible para que estos eventos no sean un momento de conflicto y ansiedad es entender que los tiempos cambiaron, las familias cambiaron, y que no hay una sola regla para pasar un fin de año placentero. Rodearse con las personas que nos generan bienestar y aprovechar estos balances de fin de año para evaluar lo positivo que transitamos, los logros que obtuvimos por pequeños que sean. Que este ritual compartido sea el puntapié inicial para un nuevo año que puede ser mejor, sólo si se trabaja para ello, sólo si buscamos las estrategias para cambiar lo que no nos satisface, y claramente, como decíamos al principio, teniendo en cuenta que no va a depender del calendario. 

Lic. Carina M. Sívori. Psicoanalista. M.N. 20662 / M.P. 91463.
Consultas al 4758-1740 / 15-6953-7703.