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¿Qué hacemos con estas Fiestas?
Las fiestas de fin de año generan diversas reacciones. Para algunas personas es un momento de alegría, reunión familiar, disfrute y para otras, una etapa que se podría obviar tranquilamente en el calendario sin ninguna dificultad. Alejados concretamente de su origen claramente religioso, estos días comenzaron a poseer otras significaciones.
Pasaron a ser símbolos. Por un lado simbolizan el final del año. Y éste no es un dato irrelevante: todos los “finales” generan incertidumbre, sentimientos de duelo, pérdida, aún en los casos en que esos finales precipitan un comienzo esperado o ansiado. Un ejemplo de ello es el final de una carrera, donde los alumnos se pasan años deseando poder tener el título para poder empezar a trabajar de lo que verdaderamente desean; el final de una actividad laboral, años deseando conseguir un trabajo mejor o frente a la jubilación, esperando tener más tiempo para disfrutar de la vida. Y aunque éstos finales sean tan ansiados, la mayoría de las veces provocan crisis. Todo cambio produce una crisis, el concepto de crisis está muy vinculado al de mutación o cambio brusco. Lo que hay que intentar es que estos cambios sean transformados en comienzos, darnos cuenta que cada cosa que termina, es una puerta maravillosa a nuevas dimensiones y nuevas posibilidades. Y esto es lo que deberíamos hacer en estas fiestas, más allá de los balances, y más allá de los resultados de estos balances, internalizar la posibilidad que todo lo que empieza puede ser gratificante, placentero y positivo.
Esta sensibilidad diferente que provocan estos eventos es lo que muchas veces genera conflictos, desencuentros, stress, angustia y en algunos casos depresión. Afloran problemáticas que estuvieron latentes el resto del año.
Culturalmente la Navidad se asocia con el encuentro, la alegría y la armonía. Esto implica que cualquiera de las dificultades antes citadas provocan un mayor malestar que en otra época del año. La imagen de una Navidad “tradicional” como se la muestra en las publicidades, con una inmensa familia alrededor de un árbol cargado de regalos, muchas veces no condice con las realidades que nos tocan vivir. Los nuevos formatos familiares hacen que sea cada vez más difícil seguir los estereotipos que la cultura nos ofrece. Y éste es un punto importante a tener en cuenta para poder transcurrir las Fiestas de la mejor manera. Aprender a adaptarnos a nuestra realidad sin seguir parámetros ajenos. Elegir con quiénes vamos a estar más a gusto, y no complicarnos innecesariamente. Vincularnos con nuestro genuino deseo que es quien nos va a guiar hacia un equilibrio entre nuestro mundo interno y las demandas de nuestros seres queridos. Estamos a tiempo de transformar unas “fiestas-problema” en unas saludables.               Hacerlas propias y adaptarlas a nuestras propias necesidades y deseos.  Resignificarlas.
Lic. Carina M. Sívori · Psicoanalista · M.N: 20.662 · M.P: 91.463.
Consultas al: 4758-1740 / 15-6953-7703.