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Que sepa “Abrir” la puerta para ir a “Jugar” : Inhibición Infantil

Con esta invitación quiero abrir este espacio de encuentro para que juntos “volvamos a entrar” a ese mundo mágico, maravilloso que es la niñez, transportarnos a nuestras vivencias, a nuestras escenas lúdicas (que les aseguro que no se pasaron de moda) a esas emociones genuinas que nos remiten una y otra vez al candor de la niñez, donde el Jugar es una cita con la Creación, con la Imaginación, con la invención, con la libertad de mutarnos, transformarnos, trascender lo real.
En el Jugar no solo se repiten vivencias cotidianas, situaciones conflictivas o traumáticas es fundamentalmente una invitación al desear, al crear, al hacer, al transformar al descubrirse y descubrir, al dejarse sorprender, antesala fundamental para sus futuras vinculaciones y movimientos en su vida toda.
Que el niño se habilite a la creación lo posiciona en un lugar de gran enriquecimiento subjetivo, independencia y autonomía. El niño que Juega habita en una región que se ha podido construir originariamente en ese “entre dos” fundante y colaborador en la conformación y armado de su psiquismo.
La pregunta que nos planteamos es qué sucede cuando el niño se encuentra desprovisto de estos estados vivenciales, apareciendo como síntoma la inhibición emocional  acompañada por una cierta carga de angustia, afectando las diferentes áreas de desarrollo como puede ser el lenguaje, la comunicación, el aprendizaje, la motricidad, ocasionando paralizaciones, mutismos  dificultades severas en la vinculación. Ahí donde se lo convoca a la individualidad el niño siente que se desmorona, que solo no puede, que él no le es suficiente, sintiéndose frágil, inseguro para poder revertir su primer afuera.
Hay un desarrollo en el niño que se tiene que ir gestando, que va permitiendo realizar el tránsito y el dulce despegue inicial de los objetos dadores de su ser (mamá) al juego y de este al juego compartido y de él a las experiencias culturales. El juego implica confianza, mutar y trascender: “y fui viento, fui sol, fui…”, esta invitación al dejarse llevar es posible si se pudo construir esta zona intermedia entre el juego del niño y el juego del Otro, este jugar juntos, con lo que innove cada uno, que le dará  seguridad para salir.
El fenómeno de la inhibición constituye una restricción que el yo se impone para no despertar el síntoma de la angustia y la confrontación con aquello que tiene que advenir que es la propia subjetividad, individualidad, ir más allá del otro y transitar sus propias vivencias. Cuando el niño no ha podido simbolizar, procesar las separaciones, las pérdidas en pos de nuevas equivalencias, que lo hacen pasar a situaciones más elaboradas y acceder a contenidos mas ricos (que tiene que ir confrontando en cada etapa de su desarrollo) se producen estas detenciones o cuadros de inhibición.
El camino hacia la autonomía e independencia de los niños es todo un recorrido a construir entre padres  e hijos, esto dependerá de la posición que cada padre tome ante la vida ya que la familia es la principal matriz en la formación y constitución de los pequeños, es aquella que Dona las principales herramientas para la vida que fortalecerán y enriquecerán, otorgándole seguridad y confianza en sí mismos.
Los saluda: 
Lic. Mariana E. Miguez. Psicóloga. M,N: 20.587 / M.P: 82.187.
Coordinadora de Centro A-Ser. Asesoramiento y consultas 15-4430-1564 / 4758-6231.