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Diferencia entre miedo y fobia en los niños.
El miedo es un sentimiento necesario en la evolución de todo niño, tal como el amor, la angustia, etc. Todas las personas estamos preparadas para vivenciarlo y cumple una función muy importante: podemos decir que es una especie de guardaespaldas del niño, es aquel que avisa cuando está cerca de alguna situación peligrosa. Pero el miedo también se aprende. Los chicos en principio no le tienen miedo a nada y son los adultos que lo rodean aquellos encargados de enseñarles cuándo deben tener o dejar de tener miedo. Es muy importante tener en cuenta esta situación porque muchas veces son los adultos los que transmiten, sin quererlo, o como una forma de protección, los miedos a los niños. Es muy común que los miedos de los padres se repitan en los hijos. 
Por otro lado, los miedos de los niños no deben preocuparnos salvo que sea exagerado o que le acarree algún tipo de molestia en el ámbito emocional o en el cuerpo.
Cuando este miedo se transforma en irracional, desproporcionado y está enfocado en un objeto en particular o en una situación real que lo provoca, podemos estar hablando de una fobia. Lo más importante a tener en cuenta es que el niño lo vive como una amenaza real, por eso siente mucha angustia y pánico. Comienza a tratar de eludir desesperadamente la amenaza, y crea estrategias para evitar la situación o el estímulo. El grado de nulidad o incapacidad que el estímulo provoque nos va a brindar un parámetro de la gravedad de la fobia.
Cuando aparecen síntomas de fobia o de miedos exagerados lo que se debe hacer es lo siguiente:

  • Hablar mucho con el niño, que pueda poner en palabras todo lo que recubre la fobia o el miedo exagerado.
  • No ridiculizar al niño, cargarlo o hacerle bromas sobre esta situación, recordemos que la fobia para el niño es una amenaza real y tiene ese peso para él.
  • No ignorarlo ni serle indiferente, lo que el niño necesita en todo momento es sentirse contenido frente a la indefensión que le provoca el estímulo.
  • Intentar explicar cuál es la realidad en relación a ese estímulo, tratar de reducir la ansiedad cuando la situación se aproxime.
  • No sobreprotegerlo, por un lado, esto lo llevaría a confirmar que el peligro es real y por otro lado, podría ser usado como beneficio secundario, lo que ayudaría a enquistar cada vez más el problema y obstaculizar una posible solución.
  • No obligar al niño a enfrentarse al objeto o a la situación que le provoca el temor, lo único que puede ocurrir es que se acreciente la angustia.
  • No castigar al niño porque no se atreva a hacer algo sino celebrar cada acto de valentía
  • Tener en cuenta que el miedo siempre es verdad y real para el niño que lo siente.

Los trastornos fóbicos suelen aparecer entre los 6 y los 12 años, algunas veces tienen un tiempo de evolución, parecen desaparecer pero mutan hacia otros objetos o situaciones y otras veces perduran en el tiempo con la misma forma.
El tratamiento psicológico con niños fóbicos suele dar buenos resultados ya que la evolución cognitiva de los mismos, ayuda a modificar modelos o pautas de vínculos con el mundo que lo rodea. Se trabaja paralelamente con la familia, para intentar detectar los elementos, estímulos o situaciones que están presentes en el momento en que la fobia aparece, y qué cosas pueden ayudar a que esta fobia se mantenga (beneficios secundarios).
¿Cuándo se debe pedir ayuda psicológica? Cuando nos damos cuenta que ese miedo o esa fobia alteran el estilo de vida cotidiano del niño y tiene consecuencias negativas en su evolución personal, rendimiento escolar, relaciones sociales y familiares, etc. O cuando se manifiesta en la familia un miedo al miedo del niño...
Lic Carina M. Sívori. Psicoanalista
M.N. 20.662 - M.P.91.463.
Consultas al:             4758-1740       ó 15-6953-7703.